sábado, 7 de noviembre de 2015

Teoría masturbacionista

Encontré en el centro porteño a Pablo, un amigo de barrio de la infancia con el que compartimos miles de escondidas, manchas y partidos en lo que se llama la curtiembre. En las periferias de los barrios de mataderos se situaban las fábricas que curtían el cuero. La puerta principal de una de ellas servía de arco metálico de fútbol. A veces sueño en ser una persona de dinero y comprar esa puerta, junto a las voluntades de las chicas de barrio que nunca recabaron en mí. La puerta, en este caso, es mucho más persistente en cuanto a su forma.
Pues tener esa puerta en mi mansión, me haría más feliz definitivamente.
Mi abuelo trabajaba en la curtiembre, y recuerdo un hermoso pedazo de cuero junto con un papel. Nadie en mi familia conservó nada. Todos apresuradamente vivieron el hoy, trabajando para el pan diario. La sensación que me quedó es que es muy difícil conservar algo a través de los años.
El cuero, según me dijo mi padre en aquel entonces, era el producto de una fórmula desarrollada por mi abuelo para tratar el cuero y/o darle cierto color. Mi abuelo falleció y nunca más vi eso.
Uno es niño y ve las cosas como algo consumado, y con los años se da cuenta que cada vez más puede cambiar esa realidad. Por ejemplo, ¡como arreglaría hoy ese maldito y viejo calefón de mi casa de la infancia! Ese calefón que de niño me hacía pasar frío en mis baños de inmersión.
Pediría hoy poder entrar, esa curtiembre que aún está, tiene las ventanas con ladrillos. Imaginaría a mi abuelo trabajando el cuero. Mi abuelo que me dejó a mis 4 años, y una semana antes de desaparecere me llamó para que le apagase el nebulizador.

Mi amigo de barrio, Pablo, tomaba su segunda cerveza de litro en un lúgubre bar del centro. El encuentro fue de casualidad y verlo me hizo tener una restrocpectiva de mi vida. Entonces me contó que él tenía una teoría. Que en todos estos años de experiencia le habían servido para sacar ciertas conclusiones.
Me sorprendió cuando continuó diciendo que el sabía acerca del eslabón perdido en la teoría de la evolución. Más me sorprendió siendo que el era cartero y no científico.
Me dijo pues que el mono hombre empezó a no depender tanto de las monas, por su capacidad de auto satisfacerse con sus cinco dedos. Y fue esto lo que al mono hombre le permitió empezar a ser hombre, ya que podía empezar a usar una primitiva imaginación.

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