Alguna aroma de jardín ajeno, se acerca a mi ventana. Maridaje con mi café. Uno de mis sentidos esta pleno.
Muy lejos del café instantáneo, intomable ya para mí. Instantaneidad cruel. Quiero perderme en cada momento.
Ya aprendí, que el apuro no es mío, sino de otros. Desencajar las estructuras temporales, el vértigo, la adrenalina. Caer de 300 metros sin velocidad ni paracaídas. Mis recuerdos, aún no están en orden, es temprano. Aún no sé, si amé alguna vez. Ya no soy el de ayer ...
Quizás adoré tu rebozo, cuando mi máscara era otra. Ahora todo es más bello en lo irreal.
Cuesta calzar las vestiduras. Bellezas cinéfilas invaden las pantallitas.
Entonces, esos ojos irrumpen en mi mañana, se publicitan solos, ajenos a la inmensidad, a la multiplicidad de luces del sol, aún impotentes, en cada una de mis ventanas.
Las tenues luces y un recuerdo, maridaje perfecto, para sentir en mi cuerpo, esta mañana.
Estando rodeado de escombros, engañas de paraíso, ilusión que causan tus anuncios.
Después de todo, parte de la vida es eso, publicidad de los cuerpos.
lunes, 27 de agosto de 2018
Un día de descanso
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