-Discúlpeme señor, tiene que acompañarme.
-¿Pero por qué? ¿Si yo no he hecho nada?
-Ha dejado impaga la factura de gas.
Mi celda era amplia y vacía, con paredes de hormigón. Entre estas, y el techo, había como tres metros. Tenía unos barrotes de hierro gruesos, tras los cuales había largos corredores, por donde deambulaban los guardias. Entraba la luz del atardecer por grandes claraboyas. Mis ojos iban de un rincón a otro. Había en el aire una mezcla de suspiros, susurros y un inquietante bullicio.
Más tarde, al parecer había llegado el momento de descansar, ese era mi primer día. El ambiente se silenció un poco y los guardias pasaban con menos frecuencia.
En un momento, de la celda de al lado, alguien me tiró una soga. Trepé, y bajé a la otra celda, en donde estaba sentado un hombre con una pava y un mate. Me invitó uno. Su celda, a diferencia de la mía, tenía en la pared que daba al fondo unos ganchos por los cuales se podía trepar.
-Adelante, recorré la prisión, estando acá podes gozar de mis privilegios.
Entonces subí, y encontrándome ya arriba de una pared, fui recorriendo la prisión sentado en las paredes, con movimientos toscos, como podía, ya que no me animaba a pararme, tal vez por vértigo. Me vio un guardia fuera de mi celda, pero hizo la vista gorda.
-¡Por Dios! -dije en voz alta- necesito una aspirina.
Entonces de una celda escuché con eco:
-Andá hasta el quiosco, si seguís por esa pared hasta el fondo, luego podés saltar afuera.
Por más que la propuesta era tentadora, no me animé a hacerlo. Seguí recorriendo las paredes, ahora conformaban celdas que evolucionaban en sucesiones de canchas de paddle, fútbol, y pequeños estudios televisivos. En algunos lugares había más actividad social, y hasta me invitaron un trago de Whisky.
De unas celdas lejanas, cuya progresión no me anime a transitar, pude rescatar algunas frases en el aire.
- El que sabe sabe, y el que no, es jefe.
- No quiero ir a laburar.
Ya de vuelta en mi celda, me percaté de estar en una cárcel diferente. La autoridad se ejercía de otra manera, estabas en perpetua y amistosa vigilancia, sólo se ocupaban de saber de uno los altos jefes, y no necesitaban de intermediarios alcahuetes, que siempre generan conflictos, y empeoran las cosas, en pos de obtener algún beneficio. Sentía aliviado la ausencia de autoridades que, al verse limitadas en sus funciones, buscaban otros recursos, que eran las raíces de los males de la humanidad.
Desperté de mi sueño con la certeza de saber , que el que creó ese clima, en donde los reclusos no tenían ni la menor intención de escapar, era un genio.