viernes, 14 de marzo de 2014

El pibe que tenía códigos

Capítulo I


-Delator y buchón, son sinónimos -dijo Javier.


Luego continuó.

-Claro, pero no es lo mismo delatar, que denunciar -dijo José.
-¿Como es eso?
-Para explicarlo te contaré una historia:

Pablo era un pibe de barrio. Aprendió códigos de barrio. No había terminado el secundario. Todos lo querían. Pero siempre en el barrio hay uno que te tiene mucha bronca, es inevitable, casi para todos los seres. Aún así, en general, Pablo se consideraba muy querido. Claro está, cuando uno es muy querido les es muy difícil, a los que te tienen bronca, exteriorizar la misma. ¿Todos debemos tener un enemigo inevitablemente? Siempre hay conflictos de intereses, aunque sea mínimos. No los llamemos enemigos, llamemoslos, en el sentido más cristiano posible, gente que no nos tiene simpatía, gente que se mostraría indiferente si nos ve ahogándonos en un río, gente que tardaría, en el mejor de los casos, 1 hora en traernos el salvavidas, solo si alguien pudiese juzgar su omisión.

Era el barrio de mataderos, dónde los árboles se sentían queridos, porque los chicos aún jugaban a las escondidas, y los utilizaban de escondite. En ese entonces las podas no eran tan tajantes, y aún se podía trepar a los árboles frondosos y perderse en sus ramas Se podía también sentir un aroma rancio en las tardes, cuando el viento venía del suroeste.

A Pablo, de chico, Jorge le rompía los autitos. Pero no lo hacía adelante del pequeño e inocente Pablo. Ya de chico Santiago había adoptado estrategias en las cueles le sacaba alguna ruedita de tal manera que Pablo se daba cuenta a la semana, o a los quince días. Pablo reflexionaba entonces acerca de quién había sido el culpable, y esto le consumía mucho a su cerebro. ¿Había sido el hermanito de Leo cuando vino a casa? ¿Tal vez el lo piso sin darse cuenta?
Pero Jorge tenía ese capacidad cínica, de no ser descubierto en el momento, de quizás pasar inadvertido, esa actitud un poco de cobarde ...  Esa capacidad, el sabía, generaba más dolor en su víctima.


Pablo entonces, al descubrirlo sentía un gran dolor,  una puñalada en el estómago, su flamante y lindo autito nuevo, con rueditas de goma, ya no tenía una rueda.

Pero una vez, ya un poco más grandes, Jorge le mató a Pablo un gatito, y Pablo se enteró de ello. ¡Qué maldad por Dios!  Pensaba entonces ¿a quien contárselo?  No pensó demasiado, llorando, en comunicar la triste noticia a su padre. Su padre, al menos el lo recordaba así, no se ocupó demasiado del asunto.


Pero el jóven Pablo no podía decir el nombre de Santiago a nadie más, ya que tenía códigos. Aún cuando sabía que había sido él con certeza, aún cuando tuvo la primer dicha de su vida, la dicha de conocer a su enemigo. Aún así no podía ser buchón, aunque el mismo fuese la víctima. Nadie se había tomado el trabajo de escribir los códigos de barrio, y así como uno desconoce los 10 mandamientos, el Ave María o algunos la tabla del 8. Y también así, como uno desconoce algo escrito, que se pudiese encontrar en internet, algo no escrito, como el "código de barrio", se desconoce aún más y pocas veces se debate su reglamentación.
Pablo era víctima, y aún así, prevalecía el código de no delatar las travesuras del otro.

Continuará ...

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